Tsundoku junio 2018

Se me ha echado julio encima como un ave de presa, casi sin avisar, y compromisos diversos me han tenido algo alejado de este blog. Vamos con los trofeos del mes pasado:

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Mi día de cacería en la Feria de Madrid se saldó con varios libros y dos de ellos firmados. La España vacía, de Sergio del Molino, me ha interesado desde que salió; la premisa me parece muy acertada. Viñetas de Plata, un cómic basado en poemas de Luis Alberto de Cuenca; me hizo tremenda ilusión que me lo firmara: admiro a ese tipo desde que lo vi en Días de Cine. Grimsgribe y Teatro Grottesco, editados por Valdemar, los tenía pendientes y me pareció buen momento para saldar esa deuda. Perturbaciones y Prospectivas son dos antologías de relatos contemporáneos de género en español de Salto de Página. A Arañas de Marte, de Guillem Lopez, le tenía ganas desde hace tiempo. Lo compré en la caseta de Valdemar con la esperanza de que me lo firmara, porque según el programa tenía firma por la tarde en otra caseta. Cuando llegó la hora y por allí no apareció, pregunté la chica de la caseta y me dijo que no tenía ni idea de que fuera nadie a firmar. Así que, hechas mis compras, decidí largarme de allí.

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The Gardener’s Garden lo pillé en una de esas ofertas que salen cada cierto tiempo en Phaidon. Es un índice que jardines singulares. El jardín me interesa mucho como escenario, porque allí la naturaleza se disfraza de ficción. Cada jardín cuenta una historia distinta, fruto del diseño, del azar, y de sus visitantes. Son lugares tremendamente evocadores e inspiradores que nunca acabo de entender del todo.

 

 

 

 

 
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Las antologías de las obras de Heronimus Bosch (“El Bosco”) y Jamie Hewlett de Taschen también las cacé en la oferta correspondiente (las ofertas de Taschen y Phaidon salen, curiosamente, los mismos días), a un precio muy atractivo. El Bosco es muy inspirador. Un visionario adelantado a su tiempo. El dibujo de Jamie Hewlett tiene una línea muy atractiva, a mí me atrapa. Quería saber algo más de él. Me interesan sus vínculos con el arte urbano y la música.

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Hace tiempo me topé con Historia de la vida privada en la biblioteca del barrio, y me pareció una idea revolucionaria, y un recurso fundamental: exponer cómo vivían su día a día doméstico nuestros distintos antepasados. Lo anduve buscando por ahí pero estaba descatalogado y las únicas ediciones que encontré a la venta en el mercado de segunda mano rondaban los 300 euracos. Gran idea reeditarlo. La cocina de las legumbres lo cogí dando una vuelta por la sección de cocina de La casa del libro. Hay recetas nuevas, para salirse del sota-caballo-y-rey, que a mí me provoca bastante aburrimiento con las legumbres.

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Por último, El bosque profundo, de Sofía Rhei, que es un preciosidad, una joya de libro que encargué directamente a la editorial. Le tengo muchas ganas.

Y eso es todo por ahora. Seguimos almacenando.

Celsius 2018

Hoy he regresado de mi primer Festival Celsius. He asistido a un montón de presentaciones. Voy a comentarlas, no por orden cronológico, sino por estricta preferencia personal.

 Hugo Camacho, Laura Lee Bahr y la aguerrida intérprete, en la mesa "Bienvenidos al bizarro"

Hugo Camacho, Laura Lee Bahr y la aguerrida intérprete, en la mesa "Bienvenidos al bizarro"

         Para mí, la charla más interesante del festival fue la dedicada al bizarro por parte de Hugo Camacho (editor de Orciny Press) y Laura Lee Bahr, autora del género. ayudados por una intérprete espontánea entre el público que hizo un trabajo espléndido, pese a ser su primera vez. Muy ilustrativa fue la comparación entre el bizarro y el punk, tanto por instrumentos (guitarras = editoriales independientes), como por significado, en lo que supuso de ruptura respecto a la música anterior; si los grupos anteriores iban de salvadores del mundo, los cantantes de punk escupen y son agresivos con el público. Hugo tiene una muy acertada, en mi opinión, visión de la gentrificación del frikismo frente a la que el bizarro se opone como “última aldea gala” del frikismo. El bizarro se caracteriza por el sentido del “¿qué diablos estoy leyendo” (“sense of WTF”), la variedad extrema de sus temas, la ausencia de reglas y temáticas rechazadas por editoriales convencionales. Presenta personajes grotescos en situaciones grotescas. En consecuencia, hay humor, y una conexión con un punto de vista infantil, ingenuo o maravilloso que te permite volver a creer en la existencia de casas con vida propia o lavadoras con deseos propios. Lo más interesante de todo es que los autores se esfuerzan por dotar a estas historias tan delirantes de dimensión humana: sus personajes sufren, se enamoran y conmueven al lector, manteniendo una lógica parecida a la de los dibujos animados más alocados (Rick y Morty u Hora de Aventuras por ejemplo). Nombraron algunos títulos de ejemplo: “Los duendes-culo de Auswitch” o el ganador del premio Wonderland “Dungeons and Dragqueens”. En palabras de Laura Lee Bahr, el bizarro no es más que una reacción a una realidad impuesta.

         Bandinnelli y Sergi Alvarez, junto con Pablo Bueno hicieron una charla distendida y cachonda sobre sus obras y el papel del humor dentro del género. Completamente disfrutable y muy recomendable de ver, si está en las redes.

          La breve comparecencia de Elia Barceló en la carpa de actividades fue uno de los momentos estelares del festival. El público aplaudió a rabiar cuando Elia valoró como una cretinez el pensar que escribir literatura fantástica no es serio. Los sueños, los deseos también son reales y están ahí, dentro de nuestras cabezas, y dejar de plasmarlos es faltar al realismo. Me gustó mucho que expusiera que una forma de caracterizar a un personaje es mostrar el camino divergente entre lo que piensa y lo que luego hace. Chapó.

          Tad Williams me parece un monstruo de elocuencia, un ser con una capacidad única para contar historias. La hora que estuvo hablando se me pasó volando, gracias a su discurso ordenado, consciente y puntuado de sarcasmo. Explicó sus influencias, procedentes en primer momento de los cómics de Stan Lee y Jack Kirby, y en un segundo momento de los clásicos infantiles anglosajones, como The Wind in the Willows o Winnie the Pooh. De Tolkien quedó prendado, no por su complejidad, sino por su profundidad: la elaborada técnica que tiene de enseñarte retazos de un mundo que intuyes mucho más grande, provocando así que el lector se sumerja por completo en la historia. Para él, más importante que la idea que hay detrás de la obra, lo es el llevarla al lector, y para ello es fundamental el trabajo en los personajes afectados por la narrativa. Los personajes jóvenes o recién llegados al mundo son útiles para conectar con el lector y explicar el mundo del libro. La invención de la narrativa caleidoscópica no es suya, evidentemente, pero que él fue el primero en aplicarla al género fantástico, influyendo así a autores posteriores, como George R. R. Martin.

          Laura Lee Bahr presentó Porno Religioso Improvisado con Orciny Press (que tuve la suerte de llevarme firmado) y explicó algunas de las influencias de su obra, que en algún caso se comparten con David Lynch (el cine negro clásico, la rareza y la importancia del misterio), y cómo aborda el feminismo en su obra.

          Ekaitz Ortega, autor de Mañana cruzaremos el Ganges, contó el proceso de gestación de su novela, partiendo de temas de actualidad como la crisis económica, la falta de confianza en las instituciones o la  precariedad laboral, y el extenuante trabajo de creación de la voz de la novela, la de una mujer de unos cincuenta años.

          Abel Amutxategui, en la presentación de La increíble historia de Mara y el sol que cayó del cielo, compartió su valoración de la literatura infantil. Él quería hacer un libro más adulto, evitando ocultar a los niños conceptos como el de la muerte, o un vocabulario más complejo. Me gusta esta visión y que sea un obra original. Personalmente, me echan para atrás los libros infantiles que usan el gancho de utilizar a artistas conocidos para nombrar sus personajes. Los encuentro faltos de originalidad y poco empáticos para el niño. Este libro lo compré para mi hija mayor, dedicado amablemente por el autor.

          Sofía Rhei, precedida por una reflexiva presentación de Eduardo Vaquerizo, comentó las particularidades de El bosque profundo. Este libro de microrrelatos se gestó durante años, y en él ha ido vertiendo todos aquellos cuentos que no tenían cabida en otros libros suyos de literatura infantil. Son relatos descarnados con una relación terrible y asombrosa con la naturaleza, por lo que remiten a los cuentos de hadas originales. La ilustración a dos colores aporta un estilo románico medieval muy apropiado.

          A Manuel Moyano no lo conocía, y me ha gustado su serenidad y su razonado discurso. Apuntado queda, por que lo que escribe tiene muy buena pinta. Nos contó cómo, aunque no todas sus novelas se adscriben al género fantástico, sí necesita al menos algún elemento fantástico para motivarse a escribir una novela. Sí, el realismo puede ser muy aburrido.

          Kim Lakin-Smith es una autora de nueva publicación en España, con tres novelas distópicas que se podrían encuadrar en el steampunk, o como ella mismo dijo, en algo llamado dustpunk (que no Daft Punk). Tienen planteamientos narrativos muy interesantes. Es un género muy mestizo y que me parece muy atractivo, mezcla de distopía e historia.

          Dan Abnett, poniendo a prueba las habilidades del intérprete con una tremenda locuacidad, nos habló sobre todo de su trabajo de novelista para Warhammer y Marvel. Un punto de vista, el del escritor “mercenario”, poco tratado, pero al que Dan se adscribe sin complejos. Interesantísimo. Una pena que no se extendiera sobre la escritura de videojuegos. Según él, para los diferentes formatos sólo cambia la técnica de escritura: si la novela es una conexión directa con el lector, el cómic es más indirecto porque las palabras de las descripciones son interpretadas por el dibujante y el lector no las lee, sino que ve la interpretación del dibujante. Lo mismo ocurre con los videojuegos. Parece simple, aunque yo sospecho hay mares de complejidad detrás.

          Kameron Hurley tuvo llenazo en el auditorio, tratando temas como la censura, la autocensura y el papel del feminismo en la literatura de género actual.

          Becky Chambers adelantó algo de la tercera novela del ciclo que inició con Viaje a un pequeño planeta iracundo, y habló sobre sus referentes y los motivos de alejarse de una ficción oscura y de los personajes heroicos.

          Victoria Alvarez llenó la carpa. Me interesa mucho esta autora, por la ubicación temporal de sus obras en el siglo XIX. Creo que es un siglo al que se la menos importancia de la que realmente tiene. Tiene Victoria elecciones temáticas muy interesantes, como las automátas de Las eternas, por ejemplo. Habló sin tapujos sobre el proceso de creación de su trilogía Dreaming Spires. Impresiona su seguridad en el oficio; por ejemplo, cómo determina hasta qué punto es importante la inmersión del lector a través de los cinco sentidos.

          Eduardo Vaquerizo presentó su ucronía Alba de tinieblas. En su opinión, para conseguir divergir la línea de tiempo no basta solo con un acontecimiento (tipo Teoría del caos), sino que tiene más sentido crear varios puntos “jonbar”. Sí, habéis leido bien. Puntos “jonbar”. Que conste que no me lo he inventado yo.

          El imperio del sueño, de Laura Tárraga, parte de una premisa muy atractiva: los sueños se pueden comprar y vender, robar y prestar. Se llega al punto de una producción en cadena de sueños: todos los suscriptores de un servicio tipo Netflix de sueños tienen el mismo sueño a la vez. Me parece algo realmente terrorífico.

          La editorial Nowevolution presentó varios de sus libros. Me llamaron la atención dos libros de aventuras de piratas desde un punto de vista femenino, y me pregunto si tendrán alguna inspiración en el Piratica de mi adorada Tanith Lee. En el panel los autores de la editorial señalaron que notan un incremento de los lectores de género, y que este es el momento para que las editoriales y festivales conecten con su público. Son editoriales pequeñas como ésta las que están abriendo caminos a nuevas voces. Estoy de acuerdo, estamos en un momento esperanzador, pero me pregunto hasta qué punto hay mercado. Es cierto que hay un interés creciente, pero no tengo tan claro hasta qué punto resulta rentable. ¿Es nuestro mercado lo suficientemente robusto como para absorber tal volumen de oferta? El tiempo, y la habilidad de las editoriales, lo dirán.

          En la presentación de las antologías Distópicas y Posthumanas, Alucinadas, Terroríficas y el Premio Ripley se mostró el proceso de creación, muy interesante, de las dos primeras antologías, que en mi modesta opinión suponen un hito histórico en nuestra literatura. Las autoras se mostraron muy reivindicativas acerca de la presencia creciente de creadoras en el género y lo que suponen antologías de este tipo para la normalización de género.

          Blake Crouch, en una intervención muy breve, mostró el proceso mental que le llevó a crear Dark Matter y las preocupaciones que subyacen en el resto de su obra, como Wayward Pines.

          El escritor del videojuego The Witcher, Jakub Szamalek, explicó que las diferencias entre escribir una novela y un videojuego nacen de la necesidades propias que cada formato impone. Así, en un libro puedes describir algo con una frase dejando al lector que rellene con su imaginación los huecos, pero en un juego no existe espacio para la imaginación del jugador, por lo que el escritor debe describir con exactitud todo lo que aparece en pantalla. The Witcher además exige una consistencia con la obra ya escrita de Sapkowski, lo que implica que aunque no se diga nada específicamente en el libro sobre un objeto, una ciudad, un personaje o un edificio, lo que se describa en el guión deba ser consistente con la mecánica económica, política, social, histórica o geográfica del mundo del libro.

          La editorial Cerbero presentó sus últimos libros con todos los autores y petaron la carpa. Esta editorial sabe conectar con el público. Están haciendo un gran trabajo en ese sentido y se nota.

          A Guillem Lopez no le pude pillar. Cuando cogí el billete de tren aún no había salido el programa del Celsius, y a partir de ahí surgieron otros compromisos que me impidieron quedarme en Avilés para su presentación. Estoy destinado a no conocerle: en la Feria del Libro de Madrid fui a una de las varias firmas que tenía convocadas, según el programa, en una caseta en la que a la hora de la firma no sabían nada del tema. No pude volver después. En fin, otra vez será.

          Me llevo muy buenas sensaciones del Celsius. Tiene un nivel muy alto, con grandes autores y una fantástica organización. He puesto caras a muchas personas. Sólo una queja: la presencia del terror, pese a estar en primer lugar en el lema del estival, ha estado a años luz de la de la fantasía y la ciencia-ficción. Pareciera que no existiera, pese a que sí hay autores y nuevas voces. Una pena. Supongo que no somos suficientes. Pero, precisamente, esto nos tiene que animar a seguir trabajando para aumentar su presencia.

          Avilés, con su casco antiguo, de aroma marinero, aire limpio y gaviotas en danza, se ha portado muy bien con el festival, y es un destino muy atractivo. Me deja buenos recuerdos.

Tsundoku mayo 2018

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Mucha caza en abril, pero sólo un ejemplar abatido campo a través: un día leo en una selección de libros de divulgación científica sobre El orden del tiempo, de Carlo Rovelli, y al día siguiente ¡zas! me lo encuentro en un momento muerto en un centro comercial. Así que lo meto en el saco, inevitablemente, porque el Tiempo, como concepto, me resulta extraño, perturbador y difícil de entender.

 
 

          He oído hablar bastante de Un año en la antigua Roma (Néstor F. Marqués). Recorre día a día el calendario romano, lo que me parece una forma magnífica de imbuirse en esta cultura del pasado. Me siento atraído sin remedio por el paganismo romano, que es evocado con asiduidad en la ficción weird anglosajona. Además creo que puede ser una buena fuente de inspiración. El autor tiene una cuenta de twitter en la divulga sobre el tema.

          La antología Cuentos desde el otro lado es de obligada lectura para documentarme sobre la nueva ficción extraña española. Andaba ya detrás de este libro hace tiempo.

          Sobre El discurso del método se dice que es uno de los libros más influyentes de la moderna cultura europea. Me interesé por él no tanto a raíz del “pienso, luego existo”, sino de la figura del genio maligno que introduce en las Meditaciones metafísicas que lo acompañan, porque se menciona en el excelente artículo de Aarón Rodríguez Serrano para Regreso a Twin Peaks (Errata Naturae).

          Pasé un fin de semana de marzo en una casa rural de Soria en la que descansaba junto a la chimenea una extensa colección de libros sobre turismo, folklore e historia de Castilla y León, editada por el periódico El Mundo. Uno de ellos recopilaba leyendas de todas las épocas, incluidas algunas urbanas contemporáneas. Unas muy conocidas, otras de las que jamás escuché nada. Me pareció inspirador. La cuestión es que ese libro en particular, como parte de una colección del periódico, no está a la venta, pero Leyendas populares de España, del que aquél partía, sí. Luis Díaz Viana es un especialista en el tema y me da que no será el último que caiga.

 

          Robert Weinberg: The Weird Tales Story. Parte de mi investigación sobre la corriente weird. Un imprescindible para conocer el nacimiento de la primera época dorada.

 
 
 

          Noël Carroll: Filosofía del terror, o paradojas del corazón. Como aficionado al género, no podía faltar en mi estantería este tratado con un enfoque filosófico, que precede a los de Thacker o Fisher.

 

          Seguiré amontonando.

Gracias

Por estos días se cumple un año desde que decidí tomarme en serio esto de escribir.

          Recuerdo claramente el momento. La Iluminación, si me permitís llamarlo así. Un mediodía de primavera, sentado en un banco de madera frente al lago artificial de un parque a las afueras. El sol centelleaba en el agua, las hormigas desmenuzaban una nube a mis pies, y yo leía a Robert E. Howard mientras salía lentamente de mi pozo de ansiedad.

          Unos días antes, trasteando por una tienda, un libro había despertado mi curiosidad desde una estantería. “Aprende a promocionar tu trabajo” de Austin K. Leon. Me fui de allí sin comprarlo, pero le estuve dando vueltas. No se me iba de la cabeza. A los pocos días volví. Por curiosidad. Seguía dándole vueltas.

          Finalmente compré el ebook. Es un libro pequeño y simple. Directo. No es perfecto, ni ambicioso. Pero me despertó la pregunta. Me refiero a la Pregunta Fundamental. Así, con mayúsculas.

          Siempre he tenido una cierta pulsión creativa, que se ha ido mostrando de diferentes formas al pasar el tiempo. Desde siempre he escrito cosillas, y con cada vez mayor frecuencia iba teniendo ideas, semillas de historias, e iba creciendo mi interés por escribir. Pero me faltaba algo, y no estaba muy seguro de qué era.

          Leyendo ese libro me di cuenta de que aquello que me faltaba era formular la pregunta. La Pregunta Fundamental:

“¿Por qué no?” 

          Así que aquella sencilla pregunta, con sólo 3 palabras entró en mi cabeza, y empezó a emitir una especie de sonido insoslayable. Como el canto de un grillo. Convocando. Importunando. Nunca se iba.

          “¿Por qué no?” Yo le daba vueltas pero no encontraba una respuesta.

          Así que, días después, durante aquel mediodía soleado, leyendo a Robert E. Howard, me encontré reflexionando sobre aquel tipo. Su estilo dinámico me fascina, pero tiendo a pararme a pensar mientras leo sus historias: en cómo ha escrito esto, en las expresiones desaforadas, teatrales, tan de su época... Pensé en su trabajo, en su pasión: lo imaginaba escribiendo en su rancho de Texas, sentado a su escritorio, solitario, dudando, luchando consigo mismo. Y, eventualmente, perdiendo la batalla. Pensé en su prestigio, en su estilo, en su legado.

          Entonces, pensando en todo aquello, llegó la respuesta.

          Era otra pregunta.

          Como si otro grillo hubiera acudido a la llamada del primero:

“¿Qué tengo yo que perder?”

          Se hizo el silencio y vino la luz.

          Una luz lejana, pero alcanzable.

          Comencé una etapa de aprendizaje, acaparando información. Libros, blogs y podcasts de los que he aprendido. Despacio, con precaución. Redes sociales, imagen, plataforma y herramientas de las que yo no tenía el más mínimo conocimiento.

          Me he ido desplazando de forma natural hacia la ficción weird, que, como lector, es mi área de interés, y en la que ya había empezado sumergirme hacía tiempo. De otra manera no tendría la suficiente motivación para construir un blog como éste.

          No podría haber empezado esto sin haberme construido antes un personaje. Era necesario. Me da una sensación de seguridad (seguramente falsa). Pero es un instrumento; me considero tímido y reservado, y padezco una pulsión para controlar la información personal que proyecto al exterior.

          Sobre la construcción del pseudónimo, no tiene mucho misterio: Bernard es un préstamo de Bernard Traven, el autor de El tesoro de Sierra Madre, de vida azarosa y nombre también fingido. Leman es el nombre del lago suizo a cuya orilla nació la ficción especulativa hace algo más de 200 años. La sigla creo que le da un toque intrigante. Elegí la J. solo porque me sonaba bien. Es un nombre de origen indefinido, aceptable en varias lenguas. Para mí, ya digo, es imprescindible.

          Después ha venido el montaje de la web, el blog, los proyectos, las redes sociales, la interacción con autores, la escritura... Echando la vista un año atrás me parece increíble todo esto. A veces siento vértigo. Pero no me detengo, ni pienso hacerlo. Y si no lo hago es gracias a todas las personas que hay detrás de blogs, podcasts, cuentas de redes sociales. Los “likes”, los “follows”, los comentarios, las respuestas, las visitas, son el combustible que me anima a seguir. Son la luz que me permite distinguir la senda por la que debo transitar.

          Con esta entrada quiero agradecer la energía que me dan. Un like o un follow pueden parecer poco, pero, creedme, no lo son:

  • David Gómez Hidalgo, quien me dio la inmensa oportunidad de participar en su blog “Cruce de Caminos”.

  • Podcasters de los que he aprendido mucho, como Ana González Duque (“El escritor emprendedor”), Darkness Dwells, Lovecraft e-zine, This is Horror, Bizzong, y The Outer Dark.

  • Blogueros y autores de webs que sigo y que son fuente de inspiración continua: La Nave Invisible, Origen Cuántico, Habitacion 217, La sombra del Kitsune,  La Biblioteca de los Malditos, Libros Prohibidos, Chica Sombra, Cuentos para Algernon, Sense of Wonder, Café de Tinta...

  • Autores y profesionales de talento descomunal y logros inalcanzables, que con inmensa amabilidad han contestado a mis comentarios, atendido a mis reseñas o me prestan atención, como si este pobre escritorzuelo tuviera cosas interesantes que decir: Weldon Penderton, Roberto Bartual, Santi Pagés, Israel Alonso, Hugo Camacho, Francisco Jota Perez…, autores que me deslumbran y que, sólo Azathoth sabe por qué, siguen en la redes sociales a este débil y dubitativo escritorzuelo de pacotilla: la ingeniosa Raquel Froilán, la inmensa Cristina Jurado, el mismísimo Laird Barron, el inconmensurable Jon Padgett, el prolífico William Meikle, el genio Daniel Pérez Navarro, el increíble Tony Jiménez, la inspiradora Alicia Sánchez, la excepcional Rebeca García Nieto, el inimitable Carlos J. Eguren, el sorprendente Marcos Prior… me dejo muchos y de no menor calidad ni admiración. A todos ellos mi más sentidas gracias.

  • Todos mis locos seguidores, pocos pero escogidos, esos santos que aguantan las repeticiones de mis posts en twitter, le dan algún like a alguno de mis tweets o instagrams, e incluso me retuitean, como si lo que yo dijera tuviera alguna importancia.

  • A ti, lector, seas quien seas, por leer esto que he escrito.

  • Y, por último, la gran comunidad de aficionados al género que se expresan a través de reddit (en \weirdlit) y tumblr, medios de los que este humilde diletante se nutre como caldo primordial.

Hace tiempo conocí a un británico en Madrid, que con el tiempo ha acabado convirtiéndose en un buen amigo. En nuestro primer encuentro me contó que uno de sus primeros trabajos fue el de enfermero en la zona de pacientes en estado terminal de un hospital. Conversaba con ellos a diario, y me dijo que lo que más le impactó fue escuchar a aquéllos que vivían sus últimos momentos asediados por remordimientos(1): por aquellas cosas que desearon y no tuvieron agallas para hacer. Después de eso tomó la decisión de venirse a España a perseguir su sueño. Creo que no le va mal: se sustenta razonablemente bien haciendo lo que le gusta, que es la definición más práctica de felicidad que me viene a la cabeza.

Sin las redes sociales, que permiten estas interacciones con gente tan interesante, un tipo mesetario como yo habría terminado como uno de aquellos enfermos terminales, postrado en la cama, escupiendo mis remordimientos al rostro impasible de la Gran Parca. Todo aquello que quise hacer y no tuve ni el conocimiento, ni el ánimo, ni el estímulo para emprender.

Por todo ello os digo, desde mis cálidas y rosadas entrañas:

gracias

Y a seguir dando guerra.


(1) “Regrets”, decía, y nunca olvidaré su mirada ni el sonido de aquella palabra al pronunciarla.

Presentación de Combustible Lovecraft, de Orciny Press, en la Librería La Sombra, Madrid. 17 de marzo de 2018

Existen ciertos acontecimientos en nuestro frío universo que son capaces de aniquilar la cordura del más sensato racionalista y de la mente más privilegiada. Eventos de una potente naturaleza psíquica que derivan en la inexorable devastación del ser a nivel molecular. La física cuántica nos ha mostrado el caos infinito que reina más allá de la sustancia íntima de la materia, y ahora estamos razonablemente seguros de que una singularidad cuántica de suficiente potencia en un momento estocástico concreto desembocará en la destrucción completa de todo cuando conocemos.

          El pasado sábado 17 de marzo, a las 18:00 GMT, yo sobreviví a una de tales singularidades en una librería en Madrid.

          Si cualquiera de vosotros se me hubiera acercado antes de aquel preciso momento y me hubiera revelado la realidad de lo que voy a contar aquí, yo lo hubiera tachado invariablemente de loco. Y, sin embargo, creo estar seguro de que tal cosa sucedió. Tengo pruebas de ello, pese a que la magnitud del relato que os voy referir despierte, comprensiblemente, vuestra incredulidad.

          Entendedme, soy un diletante. Un romántico aficionado a todo tipo de arte oscuro y minoritario, exquisito y extraño. Estas afinidades poco comunes, que en la sensibilidad del siglo XIX me hubieran caracterizado como un caballero de una sutil extravagancia, en los desdeñosos tiempos que me ha tocado vivir me tildan de friki.

          Este impulso, que me cuesta refrenar más de lo que sería deseable, me llevó a la lectura de un libro repleto de historias inconcebiblemente perturbadoras, con el que me tropecé en una disimulada librería del casco antiguo de la ciudad, un desapacible día del invierno pasado de infausto recuerdo.

          Sobre dicho tomo, Combustible Lovecraft, ya he hablado aquí, y recomiendo que, en caso de que queráis conservar la cordura, no os aventuréis entre sus páginas. Si por el contrario, vuestra estabilidad mental os importa una mierda, leedlo, devoradlo, esnifadlo, integradlo en vuestros pútridos encéfalos.

 El libro blasfemo, en una de las estanterías de mi biblioteca

El libro blasfemo, en una de las estanterías de mi biblioteca

          Ocurre que las aficiones poco comunes entrañan una sensibilidad especial, y en mi caso dicha sensibilidad quedó afectada por la lectura de este libro tan poco recomendable. El asombro que experimenté ante sus palabras derivó en una particular obsesión. De ahí que, cuando llegó a mi conocimiento que se iba a celebrar su presentación oficial en Madrid, en una oscura librería* de un castizo barrio, no pude eludir mi asistencia.

          Llegué a la librería con tiempo. Me entretuve entre sus estantes, buscando rarezas. A buena fe que encontré algunas. El establecimiento es, en verdad, muy recomendable. No me sorprendió encontrar, entre otros, los grimorios de la inefable editorial, cuyo nombre no debe ser pronunciado, y que se ha especializado en uno de los más géneros más desafiantes para los límites de la desdichada mente humana, el llamado bizarro.

          Cuando arrancó la presentación, poco podía imaginar el delirio de cósmicas proporciones que se desencadenaría en la gélida habitación. La luna gibosa observaba con maliciosa sonrisa desde su cenit nocturno, mientras la forma misma del recinto se transformaba ante mis ojos en proporciones espurias y geometrías no euclidianas. Mi inteligencia no alcanza a comprender qué oscuros hechizos los celebrantes en aquel impío ritual ejecutaron, ni las terribles entidades exteriores que pudieron invocar. Sólo sé que ya no soy la misma persona.

          El líder de aquel ritual, Hugo Camacho, máximo responsable de esa editorial cuyo nombre no debe ser pronunciado, introdujo a tres de los autores de los espantosos relatos, quienes desvelaron oscuros secretos en relación a la enloquecedora trayectoria de la sacrílega antología. Los tres autores celebrantes, Weldon Penderton, Roberto Bartual y Francisco Jota-Pérez, ansiosos por atraer nuevos acólitos a su deleznable religión, impusieron un ambiente de camaradería y complicidad con el público allí presente, entre el cual destacaban varios fanáticos que mostraron herméticos conocimientos.

          Intentaron sugestionar al público con su demoníaca elocuencia. Su destreza argumentativa estuvo cerca de abocarme a la más absoluta desesperación y al delirio infinito. Sentí un vínculo terrible, una conexión impía, un deja-vu espantoso y abisal. Las perturbadoras revelaciones que mostraron al auditorio, sobre la naturaleza del espacio y del tiempo, sobre el sentido del pasado, sobre la memoria y el futuro que nos aguarda a toda la raza humana, han devastado mi alma y corrompido mi discernimiento para siempre.

 Pude obtener esta fotografía de los celebrantes, pese a las perturbadoras revelaciones

Pude obtener esta fotografía de los celebrantes, pese a las perturbadoras revelaciones

          Salí de allí sobrecogido y fascinado por el espectáculo que acababa de experimentar. Desde entonces mi mente se sumerge en irrefrenables circunvoluciones cósmicas de trayectoria descendente, hacia el sentido mismo de la materia y del vacío, del vacío en la materia, de la sustancia y de la nada fría e indiferente que nos aguarda más allá de Yuggoth.

          A veces, haciendo un extenuante esfuerzo psicológico, llego a mirar atrás, a mi existencia anterior, y me parece inconcebible la idea de haber vivido en ese océano de perversa ingenuidad durante todos estos años. Entonces flaqueo y quiero pensar que todo esto no es más que una febril pesadilla. Cuando eso ocurre me levanto frenéticamente a comprobar si siguen allí las dedicatorias con que los autores sellaron mi libro, a modo de evidencia última. Y siempre las encuentro allí grabadas, silenciosos testigos de aquella impía celebración.

          Es una locura, lo sé. Ya jamás volveré a ser aquel ingenuo muchacho que, ilusionado, miraba los inefables grimorios desde el otro lado del escaparate. Desde que crucé el umbral me vi irrevocablemente transformado por aquellas blasfemas revelaciones. Soy portador de la señal. Tengo el privilegio de haber sido señalado. Lo siento aquí dentro, en mi cerebro: prístino, claro, como una aguja directa al nervio óptico. He sido convertido y no puedo combatirlo. No quiero combatirlo. No debo combatirlo.

          ¡Iä ¡Iä! ¡Kazulu! ¡Cutullu! ¡Chulu! (O como cojones se diga).


*La Librería se llama La Sombra. De ahí lo de oscura. Aquí, su web.