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Bernard J. Leman vive en lo alto de una torre al norte de Madrid (España), desde donde gusta de contemplar el ocaso de la cultura, acompañado de una mujer excepcional y dos hijas maravillosas. Por eso mismo, se pellizca todas las noches antes de acostarse.

Músico frustrado y bebedor de té, intenta plasmar en palabras las historias que le atormentan, impregnadas de fantasía oscura o terror. Está obsesionado con la ficción weird, de la que a veces habla en su blog.

Se empeña en ser un cínico, pero no le sale, porque, en el fondo, es un romántico.


Y ese cuervo, ¿qué?

«En el simbolismo cristiano, el cuervo es alegoría de la soledad. En la alquimia recobra alguno de los aspectos de su significación primitiva, simbolizando la nigredo o estado inicial, como cualidad inherente a la primera materia o provocada por la división de los elementos (putrefactio).» Juan Eduardo Cirlot (1958). Diccionario de Símbolos. Madrid: Siruela, 2016.

«Piense en el progenitor y chamán Cuervo, que da a luz a los seres humanos sonsacándolos fuera de su valva (de almeja), les roba la luz del día con engaños o combate al halcón de la noche para llevarles fuego y agua, les enseña a sembrar semillas y a cazar, y luego juega con sus criaturas y de vez en cuando las mata y se las come. Asimismo proceden los demonios cuervo o grajo encaramados en las puertas abiertas de nuestra psique, nos roban tesoros de lugares secretos, nos sonsacan de nuestro estrecho y convencional caparazón, nos confunden, nos hacen caer, nos deprimen y a veces nos devoran, todo ello sin piedad.» The Archive For Research In Archetypal Symbolism. El Libro de los Símbolos. Barcelona: Taschen, 2011

Además de todo esto, del cuervo dicen que es un pájaro de mal agüero.